Instituto Profesional de Enseñanza Periodística

LA PARTICIPACIÓN DE URUGUAY EN LA COPA AMÉRICA

En las últimas tres ediciones del torneo, Uruguay no estuvo a la altura y esta vez no fue la excepción. No sólo no jugó el partido definitorio sino que tampoco se ubicó entre los cuatro mejores. Teniendo en cuenta la historia y el actual plantel celeste, la actuación de la selección charrúa se describe con una sola palabra: fracaso.

La preparación mostró un nivel preocupante en cuanto al juego. Los dos partidos previos por las Clasificatorias para el Mundial de Qatar 2022, ante Paraguay y Venezuela, dejaron al descubierto varias falencias con respecto al funcionamiento del equipo. Esto debió ser un llamado de atención pero aparentemente el conjunto dirigido por Óscar Washington Tabárez no lo escuchó.

Unos días antes del debut ante Argentina, el Maestro declaró: “No nos sentimos con la obligación de salir campeones”. Siendo el país más ganador del certamen hasta ese momento, ¿no fue inoportuno manifestar eso? ¿O acaso la historia no se respeta? Uruguay debe apuntar a levantar la copa siempre, sin importar las circunstancias y más con la calidad de jugadores que tiene.

La primera presentación ante la albiceleste siguió la misma tónica que las Clasificatorias. El gol argentino antes del primer cuarto de hora suponía una reacción por parte de los orientales que nunca llegó. El equipo careció de ideas y profundidad para dar vuelta el trámite. Los cambios no aportaron nada y hasta algunos fueron inentendibles como los ingresos de Matías Vecino y Fernando Gorriarán, quienes no brindaron solución alguna para fortalecer el ataque.

Para el enfrentamiento con Chile, el entrenador incluyó a Giorgian De Arrascaeta en la ofensiva para buscar una mejor circulación de pelota y poder habilitar a Luis Suárez y Edinson Cavani. Se notó un pequeño cambio en el juego, pero el sector defensivo no acompañó. El gol de la roja llegó tras un error en la presión de Diego Godín y posterior cobertura tardía de José María Giménez, dejando solo a Eduardo Vargas frente al arco custodiado por Fernando Muslera.

Luego de perder ante el futuro campeón y empatar 1-1 con los trasandinos, Uruguay tenía la obligación de ganar ante Bolivia por la tercera fecha para seguir con chances de clasificar a cuartos de final. El conjunto charrúa fue ampliamente superior a su rival, que estaba en la última posición de la serie, y lo venció 2-0 pero la falta de eficacia no dejó buenas sensaciones ya que se crearon más de 10 situaciones de gol.

El encuentro con Paraguay, por la última fecha de la fase de grupos, fue lo mejor que mostró el equipo en todo el torneo. La sociedad que establecieron Nicolás De la Cruz y De Arrascaeta le permitió ampliar su volumen de juego con la tenencia de la pelota, junto con las permanentes subidas de Nahitan Nández por el sector derecho que le dieron otra variante en ataque. La celeste obtuvo el triunfo por 1-0 y así selló su pasaje para la siguiente ronda.

Uruguay enfrentó a Colombia por los cuartos de final. El partido fue parejo pero discreto y hasta aburrido. El funcionamiento volvió a disminuir, mostrando un nivel similar al de las dos primeras presentaciones. Tras empatar en el tiempo reglamentario, los cafeteros triunfaron en la definición por penales y eliminaron al conjunto charrúa de la competición. 

La actuación del elenco dirigido por Tabárez quedó en el debe. Hubo varios puntos flacos pero el que más sorprendió fue el bajo rendimiento de sus dos estrellas: Suárez y Cavani. Este último fue más regular pero no mostró todo su potencial, mientras que el jugador de Atlético de Madrid estuvo muy por debajo de sus aptitudes. Tan es así que fue sustituido contra Bolivia y no fue titular en el encuentro ante Paraguay.

Esto explica la falta de gol durante todo el torneo. El Matador convirtió dos, uno de ellos de penal, y el Pistolero solamente lo hizo ante Chile. Pero el mal momento de los salteños no es el único motivo, sino también la falta de creatividad en la elaboración de situaciones. A excepción del encuentro con Paraguay, el equipo celeste no fue punzante en su ofensiva y mostró un juego muy lateral, insulso y totalmente intrascendente.

Fue notorio el descenso en el rendimiento de Rodrigo Bentancur y Federico Valverde. A pesar de mostrar algún destello, fueron muy inconsistentes e imprecisos, lo que provocó que De Arrascaeta y De la Cruz tuvieran que bajar a recibir el balón para distribuirlo. Esto partió el ataque, quedando los delanteros muy aislados ya que no existía el nexo entre el mediocampo y los arietes.

Otra cuestión a remarcar es la escasa búsqueda de variantes en el ataque. A pesar de las buenas intervenciones de Facundo Torres entrando desde el banco de suplentes, el director técnico le dio muy pocas oportunidades a Maximiliano Gómez y Jonathan Rodríguez, quienes deberían haber sumado más minutos para no cargar al jugador de Peñarol con la mochila de ser el salvador cuando Suárez y Cavani no aparecían. 

El partido contra Colombia mostró este defecto. En vez de buscar nutrir la ofensiva, el entrenador uruguayo decidió que ingresara Martín Cáceres por Valverde a falta de 10 minutos para finalizar el encuentro, que estaba empatado. Esta modificación no tiene sentido alguno si el objetivo era ganar porque reforzó el sector defensivo en vez de brindarle una opción más al ataque celeste.

El nivel de los zagueros fue preocupante. El capitán Godín dio ventajas en el aspecto físico y fue superado en numerosas ocasiones por los atacantes contrarios. Giménez estuvo impreciso con la pelota y hasta distraído con las marcas. Es inentendible que Sebastián Coates haya jugado solamente 45 minutos en todo el torneo ya que fue elegido mejor jugador de la temporada en la liga portuguesa, donde también se consagró campeón con Sporting de Lisboa.

Si bien los puntos altos no fueron muchos, también hay que destacarlos. Lo mejor que tuvo la selección en esta edición de la Copa América fue la aparición de Nahitan Nández como lateral derecho. Esto fue un acierto de Tabárez, quien lo colocó en esa posición buscando mayor proyección por afuera sin descuidar la marca y encontró lo que quería. El actual jugador de Cagliari se adueñó del puesto, arrebatándole la titularidad a Cáceres y a Giovanni González.

La aparición de Torres es otro ítem a considerar. A pesar de tener 21 años y jugar en el fútbol local, el volante carbonero respondió de buena manera cuando le tocó entrar, brindándole frescura y explosión al ataque. Tan es así que fue la principal carta de recambio en ofensiva, ingresando en todos los partidos. Asistió a Cavani para que convirtiera el segundo gol ante Bolivia y fue el más revulsivo de mitad de cancha hacia adelante. 

A pesar de que no contuvo ningún penal en la definición ante Colombia, Muslera redondeó una buena actuación a lo largo del certamen. El golero de Galatasaray fue de menos a más y mantuvo el arco en cero en tres encuentros. Todavía le falta para recuperar la totalidad de su rendimiento, pero dio buenos indicios luego de su lesión.

Esta nueva eliminación prematura permite cuestionar ciertos aspectos en la dirección técnica. Si bien el objetivo principal es clasificar a la Copa del Mundo, la selección uruguaya mostró un nivel que estuvo muy por debajo de sus posibilidades. Teniendo en cuenta la calidad de jugadores que hay en su plantel, debió llegar a la final.

Pero el planteo mezquino imposibilitó llegar a esta instancia. El conjunto dirigido por Tabárez debió ser protagonista en todos sus encuentros, más allá del rival que tenía enfrente. La historia marca que el elenco charrúa tiene la obligación de salir campeón porque es un grande del continente y, junto con Argentina, son los países más ganadores de la competición con 15 conquistas.

La celeste tiene con qué creérsela. Uruguay debe cambiar su postura de cara al próximo objetivo que es el Mundial porque con lo demostrado hasta ahora, no le alcanza para llegar. No puede seguir desperdiciando, tal vez, a la mejor generación de jugadores de los últimos 40 años. 

Fracaso es la palabra que mejor describe el andar de los orientales en la copa. El camino ya no puede ser la recompensa porque el horizonte está cerca y se llama Qatar 2022. La mentalidad tiene que transformarse y aspirar a ser los mejores del mundo porque hay material de sobra. De lo contrario, sumará otra decepción y así seguirá traicionando a su rica historia.

Autor: Agustín Weikert