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Crónica de una bandera anunciada

El 4 de abril de 2013 no fue un día más para los hinchas de Nacional, sino que luego de varios intentos fallidos debido a las condiciones climáticas se desplegó la bandera más grande del mundo a nivel de equipos de fútbol en una noche templada en la ciudad de Montevideo.
El coloso de cemento inaugurado en 1930 recibió a 40 000 almas que en medio de sonrisas, cantos y llantos de alegría atesorarían ese momento tan anhelado.

Eran las 9 AM, como todos los días sonaba el des pertador que tantas veces además de despabilarme le hacía un llamamiento a mi mal genio. Pero esta vez ocurrió algo totalmente inesperado, la ansiedad fue tal, que cuando veo mi celular la pantalla marcaba 08:35.

Y es que no era un jueves común y corriente, venía esperando hace aproximadamente ocho meses este día que sin lugar a dudas lo voy a guardar para toda la vida. – Dale Bruno, apurá los trámites que no llegas al parcial de matemática - me decía mi madre, cuando lo menos que pensaba era como resolver un polinomio.

Sonó el timbre que anunciaba la finalización de la prueba, entregué la hoja y me dirigí a la parada para tomar el ómnibus y dar comienzo al itinerario que ya había planeado. Cuando ya me dispongo a ponerme los auriculares y escuchar la música cargada en el celular los comentarios y la audición del conductor hizo que guarde los receptores sonoros. – “En unas horas los hinchas de Nacional van a vivir un momento único, el esfuerzo de meses de confección entre tela y pintura van a dar sus frutos” – decía el locutor en la radio.

En pleno viaje, me llegan mensajes de mis amigos que ya me estaban esperando: -“¿dónde estás? Nosotros ya llegamos. La sensación de desasosiego se apoderó de mí haciendo que el viaje pareciera más largo de lo normal. - ¿Qué te pasa pibe? Te noto con una ansiedad bárbara - , fue el comentario del veterano hombre que se sentaba al lado mío. Atiné a reírme simplemente y escuchaba atento cual iba a ser el estado del tiempo para la noche.

Era el momento de bajarme, la cantidad de gente que se encontraba en la sede se hacía sentir, empiezo a girar mi cabeza para todos lados y logro encontrar a Federico y Nicolás, mis amigos, que empezaban a formar la gran cola de personas para llevar la bandera. “Hay que meterle que antes de las tres de la tarde la podemos entrar”, gritaban los organizadores mientras emprendían la caravana hacia el Centenario.

No había caras de tristeza ni dolor, era todo un paisaje de risas y entusiasmo. Eran las 15:00 PM en punto y el operativo resultó con éxito, la bandera ya estaba en el estadio. Fue entonces cuando pensé que la gran espera había terminado, no iba a llover y la bandera se iba a desplegar.

Sobre las 19:00 PM la gente empezó a llegar, iba a ser una verdadera fiesta. Ya nos encontrábamos en la tribuna, el olor a marihuana, alcohol y sudor se funden en un solo grito de aliento.
Y sucedió lo mágico: la sincronización del despliegue de la bandera con la salida de los jugadores fue sensacional, la emoción me dejó perplejo ante una obra de arte de tamañas dimensiones.

La noche transcurrió de una manera espectacular, Nacional ganó 4 x 0 ante el Toluca de México. Tanto los jugadores como el cuerpo técnico no paraban de aplaudir el esfuerzo de los hinchas que lograron un recibimiento sin precedentes.

Hoy, a cuatro años y un poco más de aquel día conservo fotos, la entrada del partido, pero por sobre todas las cosas los recuerdos que me quedaron en la mente, esos que conservaré hasta mis últimos días.