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 “SIEMPRE ESTUVE CONVENCIDO DE QUE IBA A SALIR ADELANTE”

 

“No te hagas problema ninguno, cuando estés en la terminal avísame y voy a buscarte”, respondió Jorge Contreras ante la inquietud de diario IPEP, sobre la exactitud del domicilio del exfutbolista.

Y así fue. A la hora acordada, en la terminal del Cerro, se encontraron. Tras recorrer unas 10 cuadras en su Volkswagen Gol verde y, conversando como si se conocieran desde siempre, llegaron a la casa del Loco.

“Ese perro no te hace nada, siempre está acá, mi mujer les da de comer a todos. Cada perro que tiran queda boyando y siempre están en la puerta”, anunció con una sonrisa el comentarista de Tenfield.

“Mandé a mis nietos a la casa, porque si se quedaban no nos iban a dejar conversar tranquilos. Son tremendos fatales, lloraban y pedían para quedarse pero les dije que venían a hacerme una entrevista. No se fueron muy conformes”, afirmó enorgullecido.

Cuadros con fotos familiares, imágenes de santos, una biblioteca llena de libros, un Smart TV 40” con el partido de la primera fecha de la Segunda división profesional y dos grandes sillones fueron los testigos de la charla con el villero.

¿Qué recuerdos tiene de la niñez?

Me crié en distintos lugares pero siempre en el Cerro. Somos seis hermanos, dos varones y cuatro mujeres. Tuve una vida bastante sacrificada, vendíamos pasteles, tortas fritas, panchos, leche, teníamos vacas y caballos, era hermosa esa vida. Fue una época divina. Íbamos a los tajamares con los Regueiro, me crié con ellos. En la escuela siempre fui un indio, me gustaba muy poco. Los horarios de entrenamiento coincidían con los de la escuela, entonces me escapaba para ir a practicar, mis padres me salaban, ellos me dejaban por una puerta y yo salía por la otra (risas). Tenía locura por el fútbol.

 

¿Cómo era la relación con sus padres?

Mis padres fueron muy sacrificados con nosotros. Mi padre siempre fue funcionario del Club Atlético Cerro, laburó en el arroz y en miles de lados para poder darnos de comer, para criarnos, para que fuéramos la gente que somos. Podrás tener muchas dificultades para que te críen, pero ante todo, tienes que ser buena gente. Nos criaron así y me siento muy orgulloso de ellos. Los seis hermanos estamos espectaculares, eso es lo máximo. Mi padre siempre me acompañó en todas las canchas. Me hacen una falta bárbara. Los extraño todos los días.

 

¿Se arrepiente de no haber estudiado?

Me arrepiento de no haber seguido un estudio pero hice una carrera de 23 años en Primera división y para mí eso es lo máximo. A mis hijos y a los jóvenes que entreno, les digo que lo primero es el estudio y mi hijo me critica porque yo no estudié, pero no quiero lo mismo para ellos. Hoy hay muchas más facilidades para poder estudiar y jugar al fútbol. Antes no había.

 

¿Cuándo comenzó su carrera profesional?

Hice todas las juveniles en Cerro y profesionalmente, parece mentira, pero debuté en Uruguay Montevideo, en Primera división, en 1994, con Alejandro Garay como técnico. En Cerro no se dieron las condiciones, porque siempre se daba que traían a uno u a otro y opté por irme, quería probar suerte en otro lado y gracias a Dios, me fui y me fue bien. En 1995, Garay me llevó a Juventud de Las Piedras y estuve hasta 1999 cuando salimos campeones uruguayos.

 

Su lugar, ¿siempre fue el arco?

No, no. Empecé jugando en el medio y también de volante. Me crié con Carlos Aires, golero de Rampla y de Cerro y nos matábamos a pelotazos, pasábamos jugando a la pelota. En juveniles con Goyo Peralta, me metía en el arco y le decía que me pateara, él no quería por miedo a lastimarme. Ya era medio sangrudo para el arco. El finadito Líber Vespa jugaba de “8” y yo alternaba de puntero derecho. En un clásico frente a Rampla, se dio que no había arquero y me mandaron a mí, y no salí más.

 

¿Cómo fue su pasaje por el exterior?

En 2000 me fui a Guaraní de Paraguay, donde estuve solo un año. Pasaba metido en las iglesias. Volví al país y fui a Danubio en 2001. En 2002 volví a Juventud y en 2003 otra vez a Cerro. Me llevó Quico Salomón. Jugué ese año, 2004 y parte de 2005. Desde  2006 a 2007 estuve en Juventud con Julio Ribas pero no me renovaron el contrato, por eso, en la segunda parte de 2007, me fui a Racing. Ahí aposté a lo deportivo y no a lo económico y me salió redondo. Hice una carrera de casi 10 años en el cervecero, es mi otra familia, le debo mucho, mi hijo Gonzalo nació durante ese período.

 

¿Cómo surgió su apodo?

En juveniles, era bastante rayado. Se me salía la cadena y le pegaba una patada a alguno sin motivo. Cuando arranqué en el arco estaba bastante rayadito, eso fue a los 16 años. Cuando empecé a atajar, me comí muchos goles, después estaba en todas las cargadas y para mí eso era como una provocación. En la cancha, dejaba pasar al delantero, y lo levantaba en la pata. En esa época te daban de siete a ocho fechas de suspensión, pasaba más suspendido que otra cosa. También practicaba descalzo.

 

¿Qué personalidades del mundo futbolístico destaca?

Compartí con muchos monstruos. En 1989, Tito Goncálves, me subió a la Primera de Cerro, era amigo de mi papá. Un día, en el Capurro, le preguntaron qué opinaba de mí y respondió: “Dejen al golero y échenlos a todos”. Recuerdo al Cascarilla Morales, a Luis Maidana, al Chongo Escalada, a Roberto Sosa, a Aldo Langone, a Mario Viera, a Líber Vespa. Todos unos fenómenos, fueron lo máximo. De todos ellos me quedó todo en la cabeza, aprendí mucho. Líber Quiñones, un hermano para mí, hizo todo para ayudarme cuando estuve enfermo, igual que Jorge Bava.

 

¿Cómo vivió la etapa de su enfermedad?

Le metí cabeza y fe. Me aferré mucho a la fe y eso no me lo quita nadie. San Expedito y la Virgen me sacaron adelante. Nunca pensé pasar por esto. Juego al fútbol, me cuido y hago todo, pero por algo Dios pone esas piedras en el camino, para ver si estás preparado. Me detectaron cáncer y fue muy duro. Cuando me dieron el diagnóstico no sabía qué hacer, si tirarme de la Médica Uruguaya para abajo o qué. Se me nubló todo, miré por la escalera para abajo y vi todo nublado. El cirujano me dijo que tenía que usar la urostomía y yo me negué. Empecé a hacerme la radioterapia y la quimioterapia y salía cantando y bailando de las sesiones. Siempre tuve fe de que iba a estar todo bien.

 

¿Cómo nació esa fe inquebrantable?

Mi madre era muy devota de San Expedito. Hace muchos años, cuando volví a Cerro, llevé a San Cono y lo puse en una repisa en el Tróccoli, lo tuve siempre ahí. Cuando me fui no estuvieron de acuerdo con que quedara y me lo traje para mi casa. En Racing andábamos con la imagen de la Virgen por todos lados. Cuando fuimos a jugar la Copa del Pacífico a Ecuador, llevé un velón grande y se lo prendí, porque Darío Larrosa se tuvo que volver porque tenía la hija internada. Esa noche le recé, le pedí por su hija y salió espectacular de la operación. Tengo tatuado en los gemelos a San Expedito y a la Virgen de Lourdes. A la Gruta voy todos los 11 del mes.

 

¿Es posible vivir sin fe?

No. Siempre me aferré a la fe y eso no me lo quita nadie. La fe en ellos fue lo que me sacó adelante. Tengo la imagen de la Virgen de Lourdes a la entrada de mi casa y en el fondo tengo varias imágenes. Siempre pido por la salud de mis hijos, por mi hogar, por mi trabajo. En los bolsillos siempre anduve con siete u ocho virgencitas. Me compraba y también me regalaban. Cuando jugaba me las metía en las canilleras, ya lo mío era sicológico. Perdía una y me enloquecía. Si tendría fe, ¿no?

 

¿Cómo está hoy su salud?

Hasta hoy, mis amigos, me dicen que no pueden creer. Yo siempre estuve convencido de que iba a salir adelante y que no iba a tener que usar la urostomía. Gracias a Dios, a la Virgen y a todos los santos estoy bien y se achicó el tumor. Tengo algunas pequeñas secuelas pero no tengo cáncer, no tengo ganglios, eso para mí es volver a vivir. Tengo que agradecer mucho a toda la gente que me apoyó. Soy un agradecido de la vida. Hubo mucha gente que organizó eventos, que se gastó sus 30 pesitos para colaborar conmigo, para comprar un chorizo…(llora). Esas cosas no me las voy a olvidar nunca. Ahora puedo disfrutar de mi familia, de mi salud y tengo trabajo.

 

¿Piensa en volver a jugar?

El fútbol es mi vida. Si me tengo que morir que sea en una cancha. Le di la vida al fútbol. Ahora juego con los amigos en el cuadro de barrio, eso es divino. Trabajo como entrenador de arqueros con los juveniles y en forma particular, eso me llena mucho. Siempre me gustó cobijar a los más jóvenes, enseñarles todo lo que me enseñaron aquellos monstruos. Llevo el termo y el mate, parezco Ansina, todos se reúnen en torno a mí, solo falta el fuego.

 

¿Qué análisis hace del retorno del fútbol en Uruguay?

Estoy feliz porque volvió el fútbol. Le hace bien al país. Los uruguayos somos futboleros, además mueve mucho dinero. Va a ayudar a que la economía crezca y también es bárbaro para despejar la cabecita. Con respecto a la pandemia, creo que se hizo todo muy bien. Es lógico que la gente quiera ir a la cancha, así es aburrido, pero todavía hay que cuidarse. Vi muy bien a Torque, me gustó mucho, Wanderers y River Plate hicieron muy buen papel. Muy poco del clásico.

 

¿Cómo vive la experiencia actual  de ser comentarista en Tenfield?

Hoy tengo un trabajo importante. Esta gente, también se preocupó por mí, por mi salud y por mi familia. Tano Gutiérrez  y Paco Casal me quisieron llevar al exterior para hacerme tratamientos. Pidieron mi historia clínica, estaba todo arreglado. Me asusté y no quise ir. Estaba haciendo una preparación importante acá y no quise viajar. Terminaron dándome trabajo en el ambiente del fútbol, es lo que hice toda la vida. Si no estuviera trabajando en esto, no sé qué haría, es mi vida. Si tuviera que ir a juntar basura, cosa que ya he hecho, no se me va a caer nada, lo haría, pero gracias a Dios tengo este trabajo, le debo la vida al fútbol.

 

¿Qué opina del VAR?

Con el VAR la aburrieron. Ahora el fútbol no se vive de la misma manera. Los jugadores no pueden agarrarse dentro del área ni hacer ninguna picardía. Anulan un gol, cobran un fuera de juego, cobran un penal, no te dejan pasar una. Están dos o tres minutos para resolver una jugada. Eso no es fútbol. El fútbol es el fútbol.