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Estampa de la ciudad

Eran las 13:30 horas, a su espalda se encontraba la calle Bulevar General Artigas, además de muchos autos que vuelan apurados a sus destinos, muchos que están fugazmente y dejan de estar para darle lugar a compañeros momentáneos, que no acompañan, ni están, solo pasan, transeúntes en la inmensa ciudad, en el pedacito de espacio con nombre, pero sin firma.

Según el celular, la temperatura actual es de 6 grados, pero la que siente la piel no es igual a la que siente la tecnología, hoy definitivamente era un día para salir con más camperas que preocupaciones.

Ahí estaba, se sentía, se dejaba escuchar entre la multitud que pasaba y ni siquiera se volteaba a mirar la poesía de sus dedos congelados que con ese arco creaba magia. El sí permanecía, Nail, el violinista de 32 años nacido en Inglaterra, que regala terapias de música en las calles de Montevideo.

Muchos pasan sin notar su presencia, apurados porque no tienen tiempo, mientras que pierden el tiempo por estar apurados. El, un loco amante de la música y un poco más loco del amor, elige cada mañana, romper con lo que debería hacer, mientras crea libertad, aunque no siempre llegue a fin de mes. Fiel, su estuche de violín lo acompaña a cada paso, abierto, a la espera de que  almas agradecidas por su canción, dejen una especie de contribución para su arte. No estaba lleno, pero su corazón.

Casi todos días, toca para un sin fin de público a cielo abierto, ¿pero quién dice que tocar con el teatro lleno asegura la fama?, tantos voltean la cabeza, fingiendo que no ven, como si fuera él el que no los viera, muchos ignoran su presencia, sus oídos están demasiado sordos como para escuchar lo diferente, unos pocos le sonríen amigablemente, dándole un espacio en su día Y qué mejor regalo que un poco de tiempo... ¿no es lo más caro?

Pero su mirada, ¿qué dice esa mirada?, parece que se quejara de la sociedad que se está creando, egoísta, fugaz, inexistente, todos tienen reloj, pero ninguno tiene tiempo.

Nail, con su melodía genera paz, no es parte de esa multitud, se puede salvar. Hace un año que vino de Inglaterra por amor, se enamoró de una uruguaya en su país natal. Y parece que cada vez que tocara, lo hiciera con tanta fuerza que entre nota y nota se escucha su historia, podés ver su reflejo, quien es.

Por su amor a ella, lo dejó todo y empezaron a construir su historia juntos. Y por amor a él, su violín, prometió salvar vidas de la rutina, sea en la ciudad que sea, liberó almas en Inglaterra, ahora acá, ¿no es considerado un héroe?, él también tiene nombre, pero ¿por qué no vale su firma?

Su excusa para huir de lo que no siente es que lo importante es vivir, y no sobrevivir. La música le ayudaba y él quería ayudar a otros, por eso además de concederle  armonías al viento, da clases como profesor particular, "En spanglish, como puedo" dijo y sonrió.

Su enamorada también está empezando a crear su propia melodía, solo le falta práctica, ya tuvo la iniciativa. Tal vez van a ser dos valientes, entre personas ausentes. O podría ser que cada día, por alguna extraña razón, o como lo más común del mundo, todos empiecen a notarlos, a sentir esas historias callejeras, a esas personas sin rostro, que siguen sus sueños, aunque eso les cueste más de lo que ganan. Quizá entendamos que mientras miramos para el otro lado, algo suena.