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Etiquetado de alimentos – Un cartel de “PARE” a los excesos

El interés de realizar una investigación centrada en el rotulado de los alimentos, surgió a través de una encuesta recibida dónde se preguntaba a la población qué consideraba respecto al sistema de etiquetado actual. A raíz de la encuesta, nació la curiosidad de indagar en la temática, y se detectó a través de noticias publicadas[1] en la web que existía una propuesta por parte de autoridades gubernamentales para modificar, o si se quiere, agregar, al etiquetado que actualmente se utiliza.

El objetivo principal del informe es dar a conocer el porqué de una modificación en los rotulados de los alimentos, de qué manera se llevará a cabo la implementación que se ha propuesto, y explicar de qué se trata este procedimiento. Además, se mostrará una mirada opuesta a la primera información dada, con el fin de tener dos visiones sobre la temática a tratar.

Para desarrollar la investigación se consultó a tres especialistas del área de la alimentación, y se buscó que cada uno pudiera aportar algo diferente e indispensable para darle sentido al informe.

Según la presidenta de la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas (Audyn), María Rosa Curutchet, en Uruguay se han detectado “problemas importantes con el cambio de comportamiento alimentario en los últimos quince años. No es una problemática únicamente de Uruguay, sino que es a nivel mundial. Latinoamérica es la región del mundo con mayor incremento de la obesidad” y esto se debe a que “tenemos un sistema alimentario de muy mala calidad”.

En cuanto a la razón por la cual nuestro continente tiene esta mala calidad alimentaria, Curutchet explicó que tiene economías emergentes, que llevaron a que la región presente modificaciones y cambios rápidos en la forma de comer. “Nos hemos ido orientando a elegir productos ultraprocesados y altamente industrializados” sumado a que “estamos siendo ‘bombardeados’ intensamente por la publicidad de estos productos”, lo que genera la inclinación de las personas a consumirlos. Al estudiar los perfiles y contenidos de esos alimentos procesados, se llega a la conclusión de que son “altos en grasa, en sal o en azúcar”, informó.

Hoy por hoy, en Uruguay, hay “una epidemia de obesidad con un crecimiento que no estamos logrando enlentecer” y según estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) realizados entre 2000 y 2013, Uruguay se encuentra dentro de “los cuatro países con mayor deterioro en la calidad de consumo de toda Latinoamérica”, detalló Curutchet.

“Uruguay, dentro de los países de Latinoamérica, es el que tiene mayor velocidad de crecimiento en el incremento de consumo de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados”. Esto “significa que estamos comiendo menos verdura, menos fruta, menos carne y que cocinamos menos. El 90% de los uruguayos no logra consumir cinco porciones de verduras y frutas” por día, sostuvo la presidenta de Audyn.

“En solo 7 años, (desde el 2006 al 2013) la obesidad aumentó ocho puntos porcentuales. En 2006 la obesidad en adultos era del 20%, y en el 2013 la obesidad en adultos pasó a ser de un 28%. El 64% de los uruguayos tiene sobrepeso u obesidad”, y se da en todas las edades, agregó.

Datos del Ministerio de Salud proporcionados por Curutchet muestran también que “la hipertensión en Uruguay ha aumentado mucho”. Ligado a esto, mencionó que un estudio muy reciente de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular revela que hay “un 39% de niños con sobrepeso u obesidad” y que los niños que tienen sobrepeso, tienden a una incidencia de hipertensión mucho mayor a la de los niños que no lo tienen. “Alrededor del 14% de los niños presenta cifras alteradas de presión arterial”.

Dadas las cifras, Curutchet destacó que “el Estado es responsable de proteger el derecho de alimentación” y para “ejercer el derecho de alimentación” se debe tener “derecho a la información”. Es por esta problemática que “Uruguay está planteándose una serie de políticas. Una de ellas es mejorar el etiquetado nutricional (de los alimentos) de manera tal que el consumidor tenga información que le permita decidir de forma informada” a la hora de comprar alimentos.

Para implementar un nuevo etiquetado, se propuso un proyecto de decreto[2] porque “un decreto es un proceso mucho más rápido, dado que estamos ante una emergencia epidemiológica que requiere tomar medidas en un corto plazo” señaló.

Luego de casi un año de trabajo en el proyecto, el pasado mes de junio, se llamó a consulta pública. “Esto significa que a través de la página web del Ministerio de Industria se coloca el proyecto de decreto y uno tiene como ciudadano común, como organización social o como asociación de profesionales” la posibilidad de dar opinión en cuanto al contenido del mismo. 

“Se reciben sugerencias o cambios para saber si la ciudadanía lo valora y si las asociaciones de profesionales y expertos en el tema pueden sugerir arreglos y mejoras. Esta consulta se hace a nivel interno en Uruguay, pero también se elevó a la Organización Mundial del Comercio para que, a nivel internacional, los países vean si esto puede significar alguna traba al comercio internacional”, aclaró Curutchet.

“El catorce de agosto se terminará la consulta pública nacional e internacional. A partir de allí se procesarán todos los cuestionamientos que se hayan recibido y se verá la viabilidad de que el proyecto se firme como un decreto presidencial o no. Luego de la consulta pública, se harán las modificaciones necesarias al decreto para elevarlo a los ministros y al Presidente de la República. A partir de ese momento, la decisión pasa a ser de carácter puramente político”, explicó Curutchet.

Al momento de realizarle la entrevista aún no había culminado el plazo para expresar opiniones y comentarios. A principios del mes de octubre, Curutchet proporcionó datos actualizados en cuanto a en qué etapa se encuentra el proceso y expresó que, a raíz del análisis de la consulta pública, con las “sugerencias recibidas se le realizaron ajustes. Aspiramos a que sea firmado en el corto plazo, pero ya está en órbita de decisión política de alto nivel, ya que está en manos del Presidente de la República. Esperamos que sea aprobado, pero depende de su consideración”.

Para decidir qué proporción de productos deberían llevar este rotulado, la presidenta de Audyn afirmó que se utilizan “límites recomendados por la Organización Panamericana de la Salud. Si se usan esas recomendaciones para realizar la clasificación se obtiene que casi el 90% de los productos tiene exceso de azúcar, sal o grasa”.

Al consultarle sobre el impacto en la industria por productos con exceso de los nutrientes mencionados, Curutchet señaló que mucha gente los seguirá comprando porque la cifra estimada de un cambio en el consumo de la población será de “entre un cinco y un 15% en una primer instancia”. De todas formas, se espera que el consumidor busque el producto con menos advertencias.

Lo que “la gente busca es que el producto se reformule”, si bien hay productos que no se pueden reformular, cambiar, o mejorar su composición nutricional, como por ejemplo las papas fritas, porque no se puede producir papas fritas light. Para lograr reformular productos con exceso de azúcar, por ejemplo, se intentará bajar un 10% de su contenido, afirmó.

De salir el decreto, hay que dar un año a la industria para implementarlo. Si se firma este año, entrará en vigencia en 2018 y se comenzará a ver en góndolas productos con advertencias, explicó la presidenta de Audyn.

Si bien Curutchet reconoció que el proyecto ha recibido presiones y cuestionamientos desde el exterior, está convencida de que “esto no genera trabas al comercio” y que "como país soberano, Uruguay define sus políticas internas. No podemos obligar a que los productos que exportamos tengan una advertencia porque eso depende del país que va a comprar, pero el producto importado debe llevar la advertencia si así la requiere”. Para Curutchet se debe apuntar a una reformulación de alimentos por parte de la industria para obtener productos de mejor calidad, no a que las empresas se vean afectadas.

Este proceso para la modificación del rotulado “está siendo liderado por el Ministerio de Salud” y un “equipo interministerial integrado por el Ministerio de Industria, el Ministerio de Ganadería, Ministerio de Desarrollo Social (dentro del Ministerio de Desarrollo Social, se encuentra trabajando en esta temática, el Instituto Nacional de Alimentación, INDA, del cual Curutchet forma parte, y el equipo de ‘Uruguay crece contigo’)”.Participa además “la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular, el área de Regulación Alimentaria de la Intendencia de Montevideo”. Expresó que, además de la OPS, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y UNICEF, también están dando apoyo a la iniciativa.

CONTENIDO DEL PROYECTO

La presidenta de Audyn señaló que “se viene documentando hace varios años, a través de la Universidad de la República, la comprensión o no de las etiquetas de los alimentos por parte de la ciudadanía y si se observan o no las tablas de composición en los alimentos envasados. Lo que se ve es que el ciudadano común no entiende estas tablas y que la gente ya ni las mira. Hay mucho engaño en la población en cuanto a que se eligen alimentos porque se cree que son saludables y en realidad tienen poco o nada de saludables. Por ejemplo, en el imaginario esta que las barritas de cereal es un alimento saludable pero cuando se analiza el perfil nutricional se ve que casi todas tienen un exceso de grasa, de azúcar, y de sal, los tres nutrientes críticos que generan problemas en Uruguay”.

Por eso, “en 2011, se comenzó a investigar cuál era el sistema (de rotulado) que podía funcionar mejor en la población uruguaya. Se hicieron alrededor de catorce trabajos de investigación para ver cuál era el que podíamos usar de manera que el ciudadano pudiera entender rápidamente la composición de un producto y comprender acertadamente la información nutricional”, explicó.

En búsqueda del sistema adecuado “se probó un sistema que se llamado semáforo. Con colores propios del semáforo, se establecen grados según si el nutriente es bajo, alto o moderado en determinado nutriente. Este sistema es el que se utiliza hoy por hoy en Ecuador”, informó Curutchet.

“Luego se probó un sistema llamado GDA, Guía Diaria Alimentaria, que es el que se puede encontrar en la Coca Cola. Son unos globos blancos y pequeños que dicen la cantidad de nutrientes que tiene y el porcentaje que cubre la alimentación”. Por último, “se probó un sistema que es el que actualmente se utiliza en Chile, que consiste en advertencias nutricionales”, sostuvo.

Se concluyó que el que mejor funciona en los uruguayos era el de las advertencias a modo de sellos octogonales, frontales y de color negro “que se colocan sólo cuando el alimento tiene un exceso de grasas, grasas saturadas, sal o azúcar, que es lo que en Uruguay el consumidor acostumbra a mirar. Si tiene un exceso de cualquiera de esos nutrientes se coloca ese sellito”. El producto puede llevar cuantos sellos sean necesarios según el exceso de nutrientes que presente. Si “tiene un exceso de todos esos nutrientes llevará cuatro sellos y si tiene solo de uno, llevará solo uno”, detalló Curuchet.

Además, la elección del etiquetado con sellos octogonales se debe a que “en Uruguay la mayor urgencia es apuntar a reducir el consumo de productos densos en grasa, sal y azúcar, y nos interesa que el ciudadano entienda rápidamente que un alimento es denso en esos tres nutrientes. Uno como consumidor informado después hará lo que considere, pero que sepa que está consumiendo esas sustancias en exceso”. Con los otros sistemas es todo más generalista.  El sistema de sellos tiene como principal objetivo el de bajar el consumo de productos ultraprocesados, reiteró la nutricionista de Audyn.

En cuanto al impacto de este etiquetado en la población, Curutchet informó que los estudios al respecto y encuestas realizadas, señalan un porcentaje de aprobación al nuevo sistema “mayor al 90%”. Por otro lado, hay quienes afirman que el sello asusta, aunque “el porcentaje de personas que lo evalúa negativamente es un 4%”.

Curutchet afirmó que, a nivel industrial, “quizás algún puesto de trabajo se pueda llegar a perder, pero si se contrapesa con el costo económico que al Uruguay le significa un crecimiento de obesidad de un 8% en siete años, un incremento de la hipertensión, y un incremento en la diabetes”, se ve que se generan costos altos en materia de salud.

La capacidad laboral de esas personas enfermas que falten al trabajo será menor y “la posibilidad de desarrollo de un país pasa por la salud de su gente”, no sólo por mirar si las industrias se verán afectadas, concluyó.

La presidenta de Audyn expresó que se está “afín a que tiene que haber un trabajo en conjunto con la industria en este proceso, pero la gran dificultad que se está teniendo en este momento es primar los intereses de la salud pública sobre los intereses económicos”. La industria cree que se están “satanizando alimentos”, pero entonces, el deber de la industria es formularlos mejor, sostuvo.

“Es complejo de explicar políticamente porque hay ministerios que están mucho más alineados a lo que se quiere implementar. Por ejemplo, el Ministerio de Salud Pública es líder en el proyecto y lo entiende. En cambio, el Ministerio de Industria no lo entiende tan así”. La dificultad está en “lograr el alineamiento político” para “primar el interés por defender la salud pública y no el interés comercial”, detalló.

Mediante un trabajo que se hizo en mayo y junio de este año, se trató de ver cuál sería el impacto en la decisión de compra de las personas al encontrarse con una advertencia en un producto que antes no la tenía. El resultado que se obtuvo es que “los porcentajes de cambio rondan entre un cinco y 17% de decisión de no comprar el producto” por eso se entiende “que el sistema va a funcionar sin generar un caos económico”, aseguró.

Una de las presiones de la industria es que “alega que Uruguay es un país pequeño, por lo cual tiene un alto porcentaje de productos importados”, sumado al cuestionamiento en cuanto a que en el proyecto de decreto se especificó que se analizará al alimento integralmente, es decir, se definirán los límites de acuerdo a un análisis integral del producto por lo que “no son considerados ni los 100 gramos ni la porción, lo que importa es cómo esta armónicamente elaborado ese producto, y es allí donde vemos que el 90% del producto está mal diseñado”, explicó la integrante del INDA.

En lo que refiere a las reglamentaciones alimentarias que hoy rigen en Uruguay, Curutchet informó que “todo lo relacionado a los alimentos, hasta el momento en Uruguay, son decretos y no hay leyes al respecto”.

De todas maneras, “los países del Mercosur definieron qué nutrientes se deben declarar obligatoriamente en la tabla nutricional (que figura al dorso del envase)”, y señaló que Uruguay se rige por este acuerdo en cuánto a los nutrientes que deben aparecer en la tabla y cuáles son los que deben tener la tabla obligatoriamente.

Para finalizar, destacó que hay que dar tiempo a que la población se acostumbre a bajar los niveles de sal o azúcar y eso puede llevar años. Hay que esperar que los paladares se adapten a esta reformulación de productos. A modo de ejemplo, explicó que “no se trata de sustituir el sabor dulce del azúcar, por el sabor dulce de un edulcorante. Lo que se debe hacer es bajar la percepción del dulce y eso va a llevar años. Nuestro trabajo es no estimular a que pululen los productos con edulcorante”. Lo que se pretende es acostumbrar los paladares.

EL REVERSO DE LA MEDALLA

Luciana Lasus, Licenciada en Nutrición con Posgrado en Marketing y especializada en Marketing de alimentos, explicó que el nuevo etiquetado que se quiere implementar “viene siguiendo un modelo chileno” pero que “a nosotros nos faltan años luz para tener la producción de alimentos y la educación que tiene Chile”.Si bien admitió que este nuevo rotulado es “políticamente correcto, no tiene ningún objetivo de educar”, sino que “el único objetivo es el de asustar, por eso son octagonales y negros”.

Los argumentos de Lasus para defender su postura frente a esta temática se centran en que el nuevo etiquetado es parcial porque los productos que llevarían el sello serían los que para los propulsores del proyecto son alimentos procesados y ultraprocesados y no se está tomando en cuenta al “alimento no procesado. Si fuera como es en Chile, donde se contemplan a todos los productos, si se tuviera en cuenta a todos como debería ser, se taparían de sellos negros los aceites o las nueces y todos esos alimentos considerados tan saludables e intocables caerían dentro del sistema. Evidentemente tiene mucho de arbitrario. Si vamos a etiquetar, hay que tener la conciencia de etiquetar todo”.

Según la Licenciada, este sistema que “adoptó el programa de nutrición del Ministerio de Salud Pública y la Asociación de Nutricionistas” en Uruguay, está basado en un “modelo de perfil de nutrientes” que “tiene errores de consistencia”. Agregó que este modelo es reconocido por la Panamericana de la salud, pero no forma parte de la Organización Mundial de la Salud. Además, “es parcial porque se basa en una forma de clasificación de nutrientes que no es la que rige. La que rige es la de CODEX (Codex Alimentarius o Código Alimentario). Ese código forma parte de la Organización Mundial de la Salud y es la clasificación de nutrientes que debería regir”, expresó.

Por otra parte, a estas etiquetas “les faltan las calorías”, porque los sellos señalarían grasas, azúcar y sodio, sin uno específico para el exceso de calorías. Prosiguió con que el sistema tampoco afectaría “a los alimentos fraccionados, a los vendidos al por menor y tampoco a los que son de un solo ingrediente”, y agregó que, si bien son grasas sanas, “una mezcla de frutos secos no va a llevar etiqueta” y es “altísima en calorías”. Si se sabe que ese tipo de producto es alto en calorías “¿por qué no avisarlo?”, preguntó.

En cuando a la industria y qué impacto podría llegar a tener el nuevo sistema en ella, expresó que no se está “evaluando que la industria es parte importante de la balanza comercial del Uruguay” y que, de salir este decreto, se verán afectadas muchas industrias y no precisamente porque baje el consumo. La gente va a seguir comiendo y tomando, porque esa no es la manera de impedirlo, dijo la Nutricionista.

Habrá también “mucho de costo de etiquetado porque hay que sobreetiquetar, ya que se dieron solamente doce meses para implementar el nuevo etiquetado. Hay empresas que terminan y tienen el material (las etiquetas de sus productos) para mucho más que doce meses. Una empresa que tiene veinte productos con distintas presentaciones, tiene sus empaquetados para cuatro años. Desde el punto de vista costos, es difícil llevar adelante este sistema”, evaluó Lasus.

Por su parte, el presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), Washington Corallo, informó que, este modelo de rotulado no sólo se implementa en Chile, sino que se emplea “en otros países estrictos de la comunidad europea o en EEUU”.

Al igual que la Licenciada Lasus, afirmó que “es un tema muy delicado, muy complejo y que puede ocasionar grandes problemas a la industria uruguaya”.

Dentro de la Cámara de Industrias, es la Cámara de Alimentos la que está tratando el asunto y explicó que “la idea es tratar de cambiar los octógonos por semáforos que den una imagen distinta” al producto.

Corallo detalló que este sistema que se quiere implementar por decreto “le puede costar a la industria la pérdida de puestos de trabajo, y no necesariamente se va a lograr que el concepto de alimentación sea el concepto sano y saludable que se pide”.

El sistema “incluye no solo a los alimentos uruguayos, sino también a todo lo que viene del exterior, porque se tendrá que poner las mismas condiciones a los alimentos y productos que se importan” por lo que “no queremos que todo esto se pueda transformar, el día de mañana, en una traba no arancelaria”[3], destacó.

Se debe “ser realistas con lo que se hace, no querer pedir más de lo que se hace en otros países, o exigir más de lo que realmente se puede dar cuando no se sabe a ciencia cierta cuál va a ser la aplicación”, expresó. “Todo esto tiene que tener una ponderación, una mesura bien hecha y para eso está trabajando la gremial de alimentos”, concluyó el presidente de la CIU.

Al consultarle sobre qué sector se vería más afectado entre el de la producción o el de la venta, Corallo entiende que “afecta a toda la cadena, desde el productor hasta la gente de venta, y también afecta al consumidor. A veces el consumidor se sesga. Estamos en la época en que los alimentos tienen que ser naturistas, pero somos siete mil millones de personas en el mundo y no hay manera de alimentar al mundo si no es con la biogenética, con la tecnología. No podemos cultivar todos los tomates naturales, no se puede trabajar sin plaguicidas o sin pesticidas”.

Según el presidente de la CIU, “es paradójico, que por un lado se pueda fumar marihuana y por otro lado se tenga que poner un cartelito en una barra de un cereal”. Además, considera paradójico “que una barrita pueda contener un octógono porque tenga exceso de azúcar”, porque de implementarse esta medida, “para el año que viene los huevos de pascua tendrían que venir en un sobre negro con un cartel que diga ‘veneno’”.

Corallo sostuvo que la alimentación “pasa primero por la educación en la familia” y “por el concepto de la cantidad que se ingiere”. Si una persona obesa, por más que se alimente con productos light, “se come dos litros de helado light, en verdad está ingiriendo un litro con azúcar”, ejemplificó.

Lasus afirmó que “hoy se ha democratizado mucho todo lo referido a la comida”, pero insistió en que este proyecto no tiene interés de educar o motivar.

Para el presidente de la CIU en otros tiempos lo que se consumía era “medido” y hoy por hoy las cosas cambiaron. “Antes era otro Uruguay. No se llevaba sobrecitos de papas fritas ni snacks a la escuela”. Sin embargo, entiende que es parte de un mundo que avanza.

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[1] Una de las noticias y artículos encontrados sobre la temática:

http://www.180.com.uy/articulo/68766_proponen-etiquetar-alimentos-con-exceso-de-grasa-azucares-o-sodio&ref=delsol

[2]Enlace al documento del Proyecto de Decreto que figura en la web del Ministerio de Industria:  http://www.miem.gub.uy/documents/22028/0/PROYECTO%20DE%20DECRETO_Rotulado%20de%20Alimentos%20Envasados.pdf

[3]Definición tomada de Enciclopedia Wikipedia que llama a estas “trabas” como “barreras”: “Las Barreras no arancelarias son leyes, regulaciones o políticas de un país, que no están en la forma habitual de un arancel y que restringen el comercio, como por ejemplo una licencia obligatoria, una norma técnica, la práctica del "engavetamiento", un derecho compensatorio contra subsidios, etc. Se utiliza también el término Medidas No Arancelarias”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Barreras_no_arancelarias.