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“FUE UN FRACASO NO HABER CLASIFICADO A RÍO” – Entrevista

 

Rodolfo Collazo es un remero olímpico uruguayo nacido en la ciudad de Colonia del Sacramento. Participó en los Juegos de Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012, siendo en este último el abanderado de la delegación celeste. Además, ha ganado múltiples medallas en torneos Sudamericanos y Panamericanos, siendo uno de los máximos referentes del deporte en el Uruguay en los últimos 15 años.

El deportista accedió a una entrevista realizada por un enviado de IPEP en la casa de su ciudad natal, en el departamento de Colonia. La misma, está ubicada a una cuadra del Liceo Departamental, lugar en el cual se desempeña como profesor de educación física.

Cuando el periodista llegó, Collazo se encontraba bajando bolsas de supermercado junto a sus hijos de su camioneta. Levantó la mirada, le estrechó la mano y lo invitó a pasar.

Ya dentro de su hogar, indicó el fondo como un buen lugar para la entrevista, el cual se veía gracias a un gran ventanal en su living. Allí, al lado de una churrasquera, se encontraban cuatro sillas alrededor de una mesa. Pero luego cambió de opinión, ya que su perro, comenzó a ladrar al instante en que lo vio.

Momento seguido, entrevistador y entrevistado se sentaron en el sillón de la sala, donde ya se dispusieron a comenzar la entrevista.

¿A qué edad comenzó a practicar remo?

Comencé con una beca de verano proporcionada por la Escuela 1 a los 11 años con cinco amigos, practicando de manera totalmente social y recreativa en el club Colonia Rowing.

¿De niño también practicaba otros deportes?

Como la mayoría de la población coloniense, también jugaba al fútbol, pero a partir de los 14 años más o menos, con un grupo de amigos formamos el plantel de remo para poder competir y de ahí en adelante, logramos darnos un poco más de cabida.

¿Cuáles fueron sus primeras participaciones internacionales?

La primera regata fue en 1998, representando al club en Argentina, y en 2002 fue la primera vez a nivel mayor en el Sudamericano de Brasil. En los Juegos ODESUR es que comienza el ciclo olímpico que consta de cuatro años, le siguen los Panamericanos, luego el Juego Olímpico y por último el año de receso. Yo competí en cuatro ciclos, y ese fue el primero.

¿Alguna vez pensó que iba a llegar a competir en Mundiales y Juegos Olímpicos?

No. Primeramente, como todo niño, tenía el afán de llegar a competir representando al club por todo el Uruguay. Después que se logró eso entré a la selección uruguaya y fuimos a Sudamericanos y Panamericanos, y luego se dio la clasificación a los Juegos. Pero la verdad que nunca lo tuvimos como una meta.

Los deportistas, ¿sienten una diferencia entre un Mundial y un Juego Olímpico?

Sí, sin duda. El primero es más frio. No existe un gran espíritu de amistad o de compañerismo como en un Juego Olímpico. En ese sentido, este último es más solidario, y el simple hecho de estar ahí ya es un mérito, y el resto de los participantes te lo hacen saber. Para un Mundial se clasifica por un tiempo que se tiene que hacer en Uruguay y por ende, puede ser bueno o malo. Entonces es como que cada uno está en la suya. Además, que en los Juegos estás rodeado de deportistas de todas las disciplinas.

Su primer Juego Olímpico fue en Atenas 2004. ¿Qué se sintió entrar al estadio junto a toda la delegación en la apertura?

Éramos muy chicos, teníamos 21 años y la verdad que la emoción era tremenda. Con Joe (Reboledo) pensábamos que iba a ser el último, entonces tratábamos de disfrutarlo al máximo. Él no compitió más a nivel internacional, pero yo seguí participando y todavía me acuerdo de la alegría que teníamos.

Ahora el tema que no puede faltar, la bandera en Londres 2012. Primero que nada, ¿cómo se enteró que había sido seleccionado para portarla?

Cuando dieron a conocer quién sería el abanderado, nosotros íbamos a estar viajando el día siguiente a Alemania para una pretemporada previa a los Juegos. Pero en ese momento, estábamos comiendo con mi familia y me enteré por medio de un periodista que me llamó a casa.

¿En la previa usted se veía con posibilidades de ser elegido?

No, en realidad yo lo que quería era estar ahí. Si venía la bandera mejor, pero sino, ya el estar ahí era una alegría enorme. Y más aún en Londres ya que en Inglaterra es donde nació el remo.

¿Cómo fue ingresar al Estadio Olímpico de Londres con la bandera en mano?

Entrás por un túnel y la gente te aplaude y te va alentando. Los compañeros que van atrás también te gritan cosas como que la levantes, que la agites, la muevas y la levantes, pero eso por ahí no sale en la transmisión por televisión. Esas palabras de aliento que como te digo, en un Mundial no se vive, y en un Juego Olímpico yo tuve la suerte sentirlo. Recuerdo a compañeros como Alejandro Foglia, Leandro Vaz, Juan Romero y obviamente los demás remeros, que te van alentando de una manera constante al igual que el público.

Para llegar a ser un atleta olímpico como usted, lógicamente hay que trabajar duro. ¿Cómo era un día de entrenamiento?

Se podía llegar a entrenar entre cuatro o seis horas. Se entrena doble o hasta triple horario. Por ejemplo, nosotros concentrábamos en México antes de la clasificación para Rio y entrenábamos a la mañana de seis a siete y media. Luego desayunábamos y volvíamos a remar de las 11 hasta la una aproximadamente que parábamos para almorzar. Tipo las cuatro o cinco se iba al gimnasio a hacer musculación y después se salía a remar de nuevo.

¿Qué tan difícil le resultaba mantener esta rutina de manera constante?

Eso se hacía para lograr un buen nivel y tener el descanso necesario. Pero muchas veces eso acá en Uruguay no se logra porque uno tiene que subsistir trabajando para poder vivir. En otros países, durante el Ciclo Olímpico los atletas están abocados y dedicados netamente al deporte.

En deportes como estos, se suele decir que hay dos batallas: una obviamente en el momento de la competición y la otra a la hora de los pesajes. ¿Está de acuerdo con eso y cómo fue su experiencia?

No sé si una batalla, porque uno si es consciente de su peso lo puede ir manejando para no llegar de manera muy justa a la competencia. Depende mucho del físico de cada uno y de la alimentación que puede llevar. Si uno es prolijo durante los días que no se compite y se entrena, se puede lograr.

¿Qué cosas tuvo que dejar de lado para poder triunfar en el deporte?

Más que nada el tiempo. Se tiene que repartir para la familia, para el trabajo y los entrenamientos. Pero fundamentalmente los seres queridos cuando uno está afuera mucho tiempo. Hubo años en los que yo pasaba en el exterior de tres a cuatro meses.

¿Y cuando era más joven?

Ahí más que nada las salidas con los amigos. El cuidarse cuando se hacía alguna comida o se salía por la noche con el tema del alcohol.

¿Usted tuvo o tiene un remero o deportista referente?

Sí, en mi época de competencia miraba mucho a Miguel Serra, quien es un remero chileno. Es una persona muy querida en su país y unos de los grandes referentes del deporte en Latinoamérica. Y anecdóticamente me tocó competir contra él en el 2008 y le ganamos, y fue como una controversia emocional porque yo lo tenía como referente por los sacrificios que el hacía por el deporte y  por la humildad que tenía, cosas que son pilares fundamentales para poder competir.

Viajemos al año pasado. ¿Qué se sintió el no poder clasificar a los Juegos de Rio 2016?

Fue una derrota dura porque uno le dedica tiempo y esfuerzo. Yo lo veo como un fracaso el no haber clasificado. Quedamos últimos en la sexta posición, y clasificaban tres, por lo que quedamos muy lejos tras haber participado en tres Juegos consecutivos. Pero el atleta tiene que aprender a perder. Y no se logró porque no se compitió de la mejor manera posible. Podríamos haberlo hecho mucho mejor.

¿El no poder ir a Rio influyó en la decisión del retiro?

No, la decisión ya estaba tomada y hubiera sido igual en caso de haber clasificado. Luego de Rio era el fin de la competición al máximo nivel. Creo que en Uruguay la dirigencia no apoya a las personas que dedican tanto tiempo para el deporte. Yo hablé con uno que me quiso convencer para que siguiera, pero la verdad que el apoyo no estaba.

¿Siente que el apoyo en Uruguay es malo?

No sé si malo es la palabra. Pero es insuficiente. Tal vez sea bueno por las condiciones del Uruguay, pero no da para competir a un alto nivel. Hoy existen tan solo tres o cuatro atletas que son remunerados económicamente, y aun así no sé si les da, porque por más que te paguen, por ahí no es suficiente para poder vivir solo de eso. Yo pienso que se tendría que trabajar un poquito más a fondo y formar una asociación de deportistas olímpicos en la que se aspire para que la remuneración sea más fuerte y se pueda vivir del deporte sin necesidad de tener otros trabajos.

Usted por ejemplo es profesor…

Sí, soy profesor de educación física y doy clases en los liceos y colegios. Además de enseñar remo en el Rowing. Uno se las va rebuscando. En este país, el atleta uruguayo debe tener una vida de estudio, paralela a la deportiva ya que una vez que se retiren, no pueden ser inútiles. Porque el gobierno no te readapta a la sociedad para trabajar en el área deportiva.

Pensando en el futuro del remo en el país, ¿usted ve una nueva camada de jóvenes de donde puedan salir “nuevos Rodolfo Collazos”?

Sí, totalmente. Muy buenos. Con condiciones físicas y mentales para competir. El problema está en el apoyo. Nuevamente caemos en eso. En el apoyo que el Uruguay le pueda dar a esa gente para poder subsistir dentro del ámbito competitivo.