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Un ladrón de inteligencia

 Esta investigación está centrada en la problemática de la contaminación por plomo en la población más vulnerable: los niños, dejando a un lado los riesgos de la exposición laboral al plomo en determinadas fábricas o industrias.

 

Con el fin de hacer un seguimiento de la población de niños que había quedado afectada en La Teja, en octubre de 2010 comenzó a funcionar la Unidad Pediátrica Ambiental (UPA), dependiente de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) y del Departamento de Toxicología de la Facultad de Medicina. Desde esa fecha hasta el año 2014, evaluaron más de 400 pacientes contaminados por plomo, señaló Darío Pose, médico toxicológico y coordinador de la UPA. “De los contaminantes que abordan frecuentemente, este metal es el que más consultas tiene”, agregó.

Pose expresó que se considera que está en riesgo la salud cuando los niveles de plombemia1 son mayores a 5 o 10 microgramos de plomo por decilitro de sangre. “Todas las personas pueden tener una contaminación menor a cinco en su organismo, porque el plomo forma parte del aire que respiramos, del agua que bebemos. Por eso, hasta cierto grado de exposición, la contaminación es admisible”. De los 400 casos registrados por la UPA durante  ese  período, “un  20%  tenía  niveles  de  plombemia  de  preocupación (mayores de 10) y un 40% tenían niveles de acción (5)”, declaró la doctora Amalia Laborde, directora del Departamento de Toxicología e integrante de la UPA.

A estas cifras, la doctora Adriana Sosa, del área de Determinantes Ambientales de la Salud del Ministerio de Salud Pública, anexó que, de las plombemias realizadas en 2015, el 23% tenía niveles entre 5 y 10 y el 7% mayores de 10. En 2016 los registros marcaron que el 14% presentaba entre 5 y 10 microgramos de plomo por decilitro de sangre, y el 6,5% poseía más de 10 microgramos. Por último, en el primer trimestre del presente año, hubo un 22% de casos analizados con niveles entre 5 y 10, y un 13% con niveles mayores de 10.

Por otra parte, para evaluar los suelos potencialmente contaminados por metales pesados, en especial plomo, en el año 2001 surgió el Sector Suelo del Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental, dependiente de la Intendencia de Montevideo (IM). Este sector funciona a demanda de las solicitudes de evaluaciones que le llegan, como de la cartera de tierras de la comuna, de cooperativos de viviendas, de centros educativos y recreativos, de espacios públicos, así como de viviendas de niños con plombemias elevadas. Además, desde 2003 se lleva a cabo el “Programa de Monitoreo de Suelos en Asentamientos Precarios de Montevideo”.2

Estos trabajos los hacen en conjunto con el equipo de salud, con la UPA y con las policlínicas de las zonas. Cuando se detecta una mancha de contaminación se comunican con ellos, para que evalúen y estudien a los niños. Paralelamente, de acuerdo a lo que comentó su coordinador, cuando a la UPA le llega un caso de contaminación, luego de hacer los estudios pertinentes, derivan a la IM para que analice la zona habitada.

¿Cómo se produce la contaminación en el ambiente?

 “La contaminación de suelo consiste en la introducción de elementos extraños o a la existencia de un nivel inusual de uno propio que, por sí mismo o por su efecto sobre los restantes componentes, genera un efecto nocivo para los organismos de suelo, sus consumidores, o es susceptible de trasmitirse a otros sistemas”. Por el gran uso y los efectos sobre la salud humana, de los metales pesados contaminantes, se prioriza el estudio de plomo, cromo y cadmio.3

Uno de los factores más predominantes de contaminación es la quema de cables para obtener el cobre y luego venderlo. “Esto deja un impacto de plomo en pequeñas áreas del suelo”, las llamadas “manchas negras”, explicó el geólogo Hugo González, encargado del sector Suelos de la IM. Esta práctica “está relacionada con condiciones socioeconómicas difíciles porque es una actividad que se hace para sobrevivir”, añadió la química Gabriella Feola, directora del Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental de la IM.

Según lo explicado por Feola, es natural que en el suelo haya plomo, “nunca hay concentración cero”. En uso residencial, se considera contaminado un suelo que tiene una concentración de 400 miligramos de plomo por kilogramo de tierra, de acuerdo a lo que establece la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Para conocer el grado de plomo la IM cuenta con un equipo portátil de fluorescencia de rayos X que les permite hacer las medidas en el momento y tomar rápidas decisiones.

Los expertos entrevistados coincidieron en que también son elementos contaminantes las pinturas y cañerías de agua viejas que antes contenían plomo, los aceites y las baterías de los autos. Otra fuente es la acumulación y quema de chatarra eléctrica y electrónica, de donde también se sacan metales con fines comerciales. Asimismo, se encontraron terrenos rellenos con residuos industriales que las fábricas descartaban y los vecinos, sin saber que podía ser nocivo para la salud, los tomaban para nivelar sus terrenos. “Ese fue el caso de Rodolfo Rincón, un asentamiento de la zona de La Teja, que fue remediado y se realojó al 80% de la población”, contó la química.

Suelo firme 

Una vez que se detecta suelo contaminado se remueve y se reemplaza por suelo limpio, como balasto y arena de canteras. “En un día se solucionan varios metros cuadrados en distintos lugares de los asentamientos”, aseguró el geólogo. No existe una alta concentración de plomo que impida que un suelo pueda ser recuperado. Pero sí puede haber un inconveniente por los altos costos que ocasiona, “nos ha pasado de dejar de lado un sitio y ahora empezar a encararlo, por los cambios tecnológicos que abaratan costos”.

En el período 2013-2014 se realizó un proyecto de recuperación de la cuenca baja del arroyo Pantanoso; se remediaron ocho asentamientos. Este se financió con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), a través de la Alianza Global para la Salud y contra la Contaminación (GAHP, por su sigla en inglés). “Fueron 80 mil dólares, con los que se compró el equipo de medición de plomo en suelo y un equipo LeadCare, para la determinación de plomo en sangre”, apuntó la química.

González  relató  que  en  sus  recorridos  por  los  lugares  ya  remediados  encontró  que “algunos se mantienen limpios y en otros, lamentablemente, se perdieron los logros; es gente a la que es difícil llegar”. Por su parte, Feola remarcó que “es un proceso complicado, pero hay que insistir y trabajar de forma multidisciplinaria e interinstitucional, para atacar esas causas de manejo informal de residuos y buscar alternativas viables”.

En cuanto a lo que sucede en el Interior, ninguno de los especialistas consultados supo responder con exactitud cuántos casos se registraron. Las informaciones que tienen se basan en datos que les proveen otros actores. Pero indicaron que se encontraron casos en San José, Salto, Colonia, Soriano, Maldonado, Minas y Canelones.

Las secuelas

 “La exposición ambiental a este contaminante puede producirse a través del aire (material particulado), del contacto directo con suelos contaminados, de la ingesta de agua y/o alimentos, y de pinturas con pigmentos a base de plomo”.4

 Los médicos entrevistados coincidieron en que una de las características de la contaminación por plomo es que, durante mucho tiempo, y aunque los niveles de plombemia sean elevados, el individuo puede no presentar síntomas. “Es decir, es un tóxico muy peligroso porque hay un largo período subclínico en que no se detecta por la medicina”, alertó Laborde.

Quienes presentan mayor riesgo por los efectos tóxicos del plomo son la población infantil y las mujeres embarazadas. Es pertinente aclarar que no es una enfermedad contagiosa, “la única transmisión entre personas ocurre de la madre al hijo en el embarazo porque la placenta no es una verdadera barrera, es un tejido de intercambio a través del cual llegan los nutrientes, el oxígeno, todo, al niño. En ese camino de intercambio también va el plomo. Normalmente, el niño nace con un valor muy cercano al nivel de plombemia que tiene la madre”, explicó la especialista.

El “hábito de pica” que tienen algunos niños, que implica ingerir sustancias no alimenticias como tierra, genera que sean muy vulnerables a la contaminación por plomo. “Se calcula que un niño que juega en un ámbito donde hay tierra puede llegar a ingerir unos 400 miligramos de tierra por día. Y, si está contaminada por plomo, este ingresa al organismo a través de la vía digestiva”, indicó la doctora. Además, los niños absorben 50% más que los adultos.

El plomo afecta al sistema nervioso y puede incidir en la capacidad intelectual en desarrollo de los niños menores de 15 años. Por esto es considerado un “ladrón de inteligencia”, porque su principal efecto sobre los niños, además de anemia, “es la alteración de su desarrollo neurológico. Afecta a la inteligencia, a la capacidad de aprendizaje y a otras funciones cognitivas, por ejemplo, la visión o la capacidad auditiva”, manifestó la médica.

Estas secuelas pueden no ser notorias, ya que los padres no conocen el grado de coeficiente intelectual que tiene su hijo. Se perciben con mayor facilidad “en poblaciones que tienen otros factores adversos: mala nutrición, mal estímulo intelectual, vivencias y situaciones afectivas de sufrimiento. Por eso la población más vulnerable son los niños que viven en la pobreza o en el abandono”.

A este respecto, la doctora María José Moll, pediatra e integrante de la UPA, agregó que la enfermedad tiene más peso en los niños porque “son el futuro del país y tienen muchos más años por delante. Al bajar el coeficiente intelectual y afectar a el desarrollo físico, baja también el intelecto de la población y el nivel productivo, y esto repercute en el desarrollo del país”.

Según Laborde, “no hay una manera fácil, rápida y sin riesgos para curar a las personas que tienen plomo en sangre”. El plomo queda alojado en el hueso entre siete y veinte años. No es como otros tóxicos que cuando ingresan al organismo lo afectan durante un corto tiempo, pero luego se eliminan. En casos de altos niveles de plombemia “se podrían utilizar algunos medicamentos que logran sacarlo rápidamente de la sangre para que no siga actuando”. Pero cuando se quita el plomo de la sangre, “se moviliza al hueso” y lo que allí estaba alojado, comienza a enviarse hacia la sangre nuevamente.

La medica explicó que “el objetivo primero, cuando se detecta un niño con plomo, es buscar la fuente de contaminación, porque si la exposición es permanente los niveles de plomo en el cuerpo aumentan demasiado. Por lo tanto, hay que detener el ingreso y bajar el nivel”. Para esto es necesario reducir la cantidad de plomo en el ambiente, añadió Moll.

Según el protocolo de acción que tiene esta Unidad, cuando el nivel de plombemia es mayor a 10 deben hacer una visita domiciliaria en busca del foco contaminante. Allí, de acuerdo a lo que vean y a la situación, el Departamento de Toxicología puede realizar un test de las pinturas de la vivienda o tomar muestras del agua.

La pediatra contó que a veces encuentran en las casas “pilas de metales de cobre, bronce, plomo”. En esos casos, les solicitan que saquen ese material fuera del hogar para que los niños no tengan contacto. Para alejarlos de la fuente contaminante, es indispensable trabajar socialmente con la familia, que tomen conciencia del daño que les causa a los niños, e incentivarlos a que vayan más a la escuela o a un club, “y así alejarlos lo más que puedan de la casa”. Lo mismo sucede en las zonas donde queman cables, es necesario educar para que los niños no jueguen en esas áreas.

Por otra parte, es preciso que el niño contaminado y su familia tomen ciertas medidas para no aumentar la absorción de plomo. Consultada al respecto, la licenciada en nutrición, Laura Pintos, dijo que se debe “mantener una alimentación adecuada en calorías para la edad, con aportes de calcio y hierro, así como mejorar la higiene de los alimentos y la higiene personal, con un adecuado lavado de manos”. Pero, teniendo en cuenta que la mayoría de la población afectada es la de baja recursos, les sería difícil llevar adelante una alimentación de estas características y, tampoco, la situación en que viven les permite tener una higiene apropiada.

Normativas 5

 Bajo el motivo de dar respuesta a la contaminación por plomo, a partir del año 2001, comenzaron a surgir distintas normativas ambientales de aplicación a nivel nacional, destinadas a regular esta problemática.

En setiembre de 2003, “por Decreto, el Poder Ejecutivo aprobó el reglamento de baterías de plomo-ácido usadas o a ser desechadas, como bienes de uso generalizado o de consumo masivo”. De esta forma se intentó “responder a las consecuencias ambientales y sobre la salud humana que provoca el inadecuado manejo del plomo”.

 En mayo de 2004, se aprobó la ley Nº 17.774 que contiene normas para la prevención y control de la exposición al plomo a nivel ocupacional. En esta se dispone la obligatoriedad de realizar controles periódicos de extracción de sangre para la dosificación de plomo a los trabajadores con relación de riesgo respecto a este tóxico. Además, se adoptaron “precauciones para el proceso productivo, de reciclaje o almacenamiento que utilice plomo o materiales que lo contengan, y origine residuos (efluentes líquidos, residuos sólidos). En ningún caso, los residuos contaminantes podrán ser utilizados para relleno de terrenos, construcciones y otros fines que pongan en riesgo la calidad ambiental o la salud”.

 En ese mismo período, por la ley Nº 17.775 se declaró de interés general la regulación que permita el control, de una forma integral, de la contaminación por plomo.

Por otra parte, en julio de 2006 se prohibió la tenencia, comercialización y transporte de cables integrantes de las redes públicas de ANTEL y sus chatarras. Luego, en 2011, se reglamentó el nivel de plomo que pueden contener las pinturas del hogar, uno de los principales causantes de la enfermedad, y se estableció como máximo 600 partes por millón.

A nivel departamental, en 2001 la IM dispuso “la obligatoriedad del uso de baterías, soldaduras o fundentes sin plomo en la instalación o reparación de cualquier sistema de distribución de agua potable tanto domiciliario como público”.

 Principio sin fin

 Para esta investigación fue contactado Carlos Pilo, uno de los creadores de la Comisión Vivir sin Plomo, originada por un grupo de vecinos del barrio de La Teja. Pero, Pilo no quiso dar declaración al respecto debido a que hablar de este tema le trae malos recuerdos por la falta de ayuda y de apoyo que tuvo, por lo que es una parte de su vida que decidió olvidar y dejar atrás. Además, aseguró que en esa misma posición se encuentran muchas familias que decidieron “tirar la toalla” al ver que sus hijos no se recuperaban.

La doctora Laborde declaró que, si bien la cuestión salió a la luz a raíz de los casos ocurridos en La Teja en el año 2001, ya en 1995 se tenía conocimiento de trabajadores y niños contaminados. “Había una negación muy importante en esa época, pero cuando aparece en La Teja, se trataba de un barrio con una larga historia de lucha sindical, de una población muy acostumbrada a reclamar por sus intereses”. Entonces, “lo que lo puso en la agenda de Salud Pública fue la demanda social, no los casos, porque los casos no eran peores a los que nosotros habíamos visto antes”.

La problemática en La Teja surgió porque era un barrio industrial en el que se juntaron múltiples focos de emprendimientos metalúrgicos con cuyos desechos se rellenaron los terrenos. El geólogo González explicó que ese barrio “tiene una historia industrial de fundiciones y no se pensaba que el manejo de estas podía afectar a la salud.” Sin embargo, tales fueron los efectos que aún muchos deben acudir a los médicos y toxicólogos para monitorear el avance de su estado.

Muchas de estas familias afectadas decidieron reclamar, por los perjuicios sufridos, a la IM y al Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA). Estas demandas llegaron a ser 90, y las reparaciones que pedían ascendían a US$ 90 millones, según el último dato publicado por el MVOTMA y que recoge una nota realizada por el diario El País6.

El primero de estos juicios finalizó en 2009 y fue a favor de la familia. A partir de este antecedente, se presentaron más casos. Algunos recibieron US$ 10.000 como indemnización por la contaminación sufrida. Además, la publicación mencionada denuncia que en algunos casos hubo desaparición de historias clínicas que entorpecieron la investigación al respecto, aunque, finalmente, las historias pudieron ser reconstruidas.

Desde esos primeros casos que pusieron el tema sobre la mesa, pasaron 16 años. La contaminación por plomo en Uruguay no solo aún existe, sino que parece algo de nunca acabar. González reconoció que no ven el fin del problema. “Mientras haya gente arriba de Montevideo, vamos a tener que seguirlos, monitorearlos y continuar trabajando”.

  

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1 Valor de plomo en sangre.

2 “Monitoreo de metales pesados en suelos de Montevideo. Informe de actuaciones 2010-2011. Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental”.

3 “Monitoreo de metales pesados en suelos de Montevideo. Informe de actuaciones 2010-2011. Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental”.

4 “Monitoreo de metales pesados en suelos de Montevideo. Informe de actuaciones 2010-2011. Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental”.

5 Los datos de esta sección fueron extraídos del documento “Monitoreo de metales pesados en suelos de Montevideo. Informe de actuaciones 2010-2011. Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental”.

6 “El plomo cumplió 15 años y echó raíces”. El País. 21 de setiembre de 2015. http://www.elpais.com.uy/que-pasa/plomo-cumplio-anos-echo-raices.html

Fuentes personales

 

  • Doctor Darío Pose, médico toxicológico y coordinador de la

 

  • Doctora Amalia Laborde, directora del Departamento de Toxicología e integrante de la

 

  • Doctora Adriana Sosa, del Área de Determinantes Ambientales de la Salud del Ministerio de Salud Pública.

 

  • Geólogo Hugo González, encargado del sector Suelos de la

 

  • Gabriella Feola, directora del Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental de la IM.

 

  • Doctora María José Moll, pediatra e integrante de la

 

  • Laura Pintos, licenciada en nutrición.

 

  • Carlos Pilo, creador de la Comisión Vivir Sin

 

Fuentes Documentales

 

  • “Monitoreo de metales pesados en suelos de Informe de actuaciones 2010-2011. Servicio de Evaluación de la Calidad y Control Ambiental”. IM.